Sorpresas….Relato 2

La hotelería se integra en el sector servicios y ese posicionamiento le otorga muchos matices. Traduzco, más allá de ofrecer un servicio de alojamiento temporal, un hotel es un punto de encuentro de historias, un lugar de descanso, ocio, refugio, para bienestar y desde el que comenzar un gran viaje, disfrutar de una estancia de placer, encontrar un espacio de estudio, trabajo y etc… Entre los muchos etcéteras que podáis imaginar, mi preferido, es el de las sorpresas. Muchísimas veces, las mejores veces en mi opinión, se utiliza una reserva para sorprender y agradar a una amiga en su cumple o a tus padres por su aniversario o el clásico e inigualable sorpresón de pareja. Ese nos va a ocupar en esta historia porque son los mejores. Podrían resumirse con un montón de emoticones de corazones de todos los tamaños y colores, sin duda, pero hoy vamos a escoger las palabras que nos parecen más adecuadas para agradecer uno a uno, una a una, a todas las personas que escogieron nuestros apartamentos para sorprender a sus parejas. Son momentos preciosos, que se huelen, chisporrotean energía de colorines, llovizna de serotonina, se sienten, e incluso a quienes somos ya aguerridas recepcionistas con carné de haberlo visto, no lo duden, de todo. Quien sorprende es un estandarte de nervios, ilusión y emoción; quien se deja sorprender enarbola el de la alegría, entusiasmo y ganas de corresponder de la forma que sea semejante detalle. Como tenemos tiempo, les contaré que hoy mismo acabo de asistir a una de estas sorpresas geniales y preciosas. Protagonistas, una chica de 18 añitos, educada, guapa, encantadora que acompañada de su madre llegan al hotel a hacer el check in y preparar el apartamento para la persona que va a ser sorprendida. Ambas comparten ternura y dulzura en sus movimientos, en cómo me cuentan que es una sorpresa para el novio de la niña, en cómo se hablan, en la forma en que viven esta cómplice aventura madre e hija de organizar juntas un regalo. Y qué regalo. Al ratito, la madre se va, en el apartamento se queda la niña imagino que colocando la mesa o poniendo música o aquello con que hayan adornado su momento. La madre como decía sale muy despacio, como sin quererse ir del todo, lentamente, saboreando la situación, sintiéndose satisfecha de haber urdido con su niña un bonito plan. Yo la miro, despido y cruzo los dedos para que el novio merezca que esta madre y esta hija se hayan preocupado tanto de ser cuidadosas y mimosas en su regalo. A los pocos minutos la niña sale, sin abrigo y me comenta con sonrisa que ahora regresa. Y lo hace, en apenas dos minutos vuelve a entrar en recepción acompañada del joven enamorado y de la madre del mismo. El chaval es también muy guapo y parece encantador. La madre viene contenta y cómplice entra a ver la sorpresa. Ambos confían en ella y quieren compartir su momento. Todos felices, triunvirato de alegría. No pasan dos minutos y la madre sale del apartamento. Cierra cuidadosa, también parece que le da pena irse, de hecho se va despacio, lenta y al pasar a mi lado busca mi mirada y palabra. Se para y sonríe. Encantada le comento que me ha parecido una parejita preciosa y que es genial que las madres compartan esa felicidad juvenil, que es fantástico que cultiven la confianza para seguir estando en la vida de sus hijos. Y ella está feliz, somos madres, nos entendemos, se queda satisfecha, les deja seguros, en un apartamento precioso, a su querido hijo con una niña encantadora viviendo un momento feliz. Las madres contentas, viendo crecer a sus polluelos, acompañándoles en sus primeras excursiones a la vida, a sus experiencias sin ellas pero estando cerca, todo lo cerca que pueden. La verdad es que trabajar a veces es un placer, sobre todo cuando vemos historias como éstas de final muy feliz. Con la sonrisa en la boca, sin fingirla ni impostarla. Gracias por escogernos para sus sorpresas. Seguimos.

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